Agresor sexual durante años termina suicidándose en Miami

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A primera vista, Dale y Claudia Leary parecían la pareja ideal para acoger a estudiantes extranjeros. Dale era un carismático genio tecnológico, mientras que ella era una maestra de primaria con mucha experiencia, quien se hizo administradora escolar. Los dos vivían en una casa de cuatro habitaciones muy cuidada en Cutler Bay. Al solicitar la acogida de ocho estudiantes en el 2012, prometieron cenas familiares junto a la piscina, visitas al centro comercial y una que otra visita a Disney World. Pero una novela de terror estaba por iniciarse

Por Redacción MiamiDiario

Claudia y yo creemos que tenemos mucho que enseñar y disfrutar, mostrando a los alumnos nuestras diferencias culturales y alentándolos a probar cosas nuevas”, escribió Dale Leary en la solicitud. “Una de las grandes cosas de la vida en Estados Unidos que nos gusta compartir con nuestros estudiantes es la sinceridad”.

Pero detrás de esa fachada había mucha perversión. Para cuando Leary, de 50 años, se tragó una dosis letal de píldoras para suicidarse en julio del 2017, había dejado atrás un camino lleno de vidas destrozadas: dos hermanas españolas adolescentes, a quienes les lavó el cerebro y las convenció de participar —una de ellas a la fuerza, mientras la grababa— en actos sexuales con docenas de hombres en un hotel frecuentado por swingers del sur de la Florida, durante varios meses.

Una adolescente ingenua pariente de él, a quien con la ayuda de alcohol y la Biblia convenció para participar en actividades sexuales, apoyado por la propia esposa de Leary, intimidada por su dominante marido.

Pero durante todo ese tiempo hubo muchas señales de alerta sobre Leary. Lo autorizaron a acoger a estudiantes extranjeras, a pesar de haber sido declarado culpable de secuestrar y agredir sexualmente a una mujer. En el 2006, el FBI recibió información sobre fotos atrevidas de niñas modelo en la página digital de Leary.

Un conocido reportó al Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Víctimas de la Explotación que Leary parecía “tener relaciones íntimas” con numerosas estudiantes extranjeras, pero una investigación de la Policía de Miami-Dade en el 2013 no encontró evidencia de actividades delictivas.

Ha pasado más de un año desde que Leary se suicidó, días después de finalmente ser arrestado por agredir sexualmente a la hermana menor de edad de una antigua estudiante extranjera. Parte de esta historia ya se ha contado, pero la extensión de su comportamiento abusivo queda ahora a la vista en documentos policiales recién liberados, registros judiciales y entrevistas con personas que lo investigaron.

“El Sr. Leary era un depredador sexual, sin duda alguna”, dijo Amy Swan, psicóloga forense que revisó declaraciones de testigos y documentos judiciales a petición del Miami Herald. “Tenía el plan perfecto para conseguir víctimas presentándose él mismo y su esposa como anfitriones benevolentes de estudiantes extranjeras”.

El caso penal contra Leary quedó en la nada con su suicidio. La fiscalía también abandonó el caso contra Marta San José, su antigua estudiante española acusada de ayudar a Leary a agredir sexualmente a su propia hermana menor de edad. Y la investigación más amplia sobre la producción, así como la diseminación de pornografía infantil por parte de Leary —y posible tráfico de personas— no fue a ninguna parte, debido a que el acceso a sus discos duros, computadoras y teléfonos estaba codificado y las autoridades no lograron encontrar la clave.

Pero las batallas legales sobre Leary no han terminado. San José ha demandado a Claudia Leary y a CCI Greenheart, la compañía de Chicago especializada en colocar a alumnos extranjeros que le permitió acoger a estudiantes extranjeros.

Greenheart, sus coordinadores y Claudia Leary alegaron que la demanda es inválida porque el estatuto de limitación de cuatro años ya se venció. Los abogados de San José insisten en que la joven, que ahora tiene 22 años, estaba bajo control de Leary y no tenía forma de reportar el abuso.

La jueza de circuito de Miami-Dade, Bárbara Areces, ha declinado desestimar el caso y las declaraciones en el caso comenzarán en febrero.

Ni Claudia Leary ni su abogado respondieron a solicitudes de declaración del Herald. CCI Greenheart también declinó comentar.

Greenheart le falló miserablemente a nuestro cliente, como sucedió con muchos otros estudiantes extranjeros que quedaron bajo el cuidado de Leary, por su negligencia y falta de atención al pasado delictivo de Leary”, dijeron en un comunicado los abogados de San José: Jorge Viera, Timothy Barket y Karina Miralda. “Nuestra clienta tendrá que vivir con estos terribles recuerdos el resto de su vida, pero esperamos darle alguna esperanza con la solución de este caso”.

Los detalles de los primeros años de la vida de Leary no están claros. Le dijo a amigos que era adoptado y que creció en el sur de Miami-Dade y se graduó de la secundaria Southridge. Varios familiares de Leary, contactados por el Miami Herald, declinaron hablar sobre el asunto.

Su primer roce con la ley fue en octubre de 1985, cuando tenía 18 años. Leary y un amigo usaron un cuchillo para entrar a la fuera a una casa en University Avenue, en Coral Gables. Mientras robaban, un hombre y mujer llegaron y los sorprendieron.

Leary obligó con un arma a la mujer a entrar a una habitación, donde la amarró, la manoseó y entonces se masturbó encima de ella, según el archivo judicial. Leary terminó declarándose culpable de varios delitos graves, como robo a mano armada y comportamiento lascivo.

Las normas de sentencia contemplaban al menos 12 años de prisión. Pero debido a su edad, a Leary lo condenaron a cumplir un programa dirigido a delincuentes jóvenes y pasó 60 días en prisión, además de nueve años de probatoria. A pesar de la naturaleza de sus delitos, no lo colocaron en ningún registro de agresores sexuales, porque en ese momento, 1985, no existían.

Leary tuvo una exitosa carrera en mercadotecnia y publicidad, orientada a la tecnología, con campañas para compañías como Coca Cola, Siemens y Hilton.

Uno de los éxitos que mencionaba era que a finales de los años 1990 ayudó a desarrollar un videojuego en línea para la Coca-Cola Cherry llamado The Lost Island of Alanna, un intento por atraer a jóvenes que estaban aprendiendo a usar la novel internet.

“Tenía una mente brillante”, dijo uno de sus antiguos socios de negocios, quien pidió no ser identificado. “Se le ocurría una idea y creaba una marca”.

Leary también se identificaba como fotógrafo, y alegó haber ayudado a crear One Model Place, una página digital que muestra imágenes de modelos. La página sigue funcionando hoy, pero no respondió a solicitudes de declaración.

Dale y Claudia Leary en una foto sin fecha publicada en su página de Facebook.

Alto y delgado, Leary estudió artes marciales, tenía una colección de espadas japonesas y le gustaba tomarse un whiskey por las noches. Se casó con la maestra Claudia Leary en 1993. Compraron la casa de Cutler Bay un decenio más tarde.

Claudia dijo posteriormente a varias personas que ella y Leary no podían tener hijos, de manera que acoger a estudiantes extranjeros “fue su alternativa”.

Así las cosas, se inscribieron en CCI Greenheart, bien conocida entre las compañías que coordinan programas de acogida para estudiantes extranjeros en Estados Unidos.

Fundada en 1985, la compañía dice que ha colocado casi 300 mil alumnos de más de 60 países con más de 12 mil familias en Estados Unidos.

La compañía dice que los anfitriones reciben visitas de coordinadores del programa, quienes “se comunican regularmente con nuestros estudiante, para asegurar que su experiencia sea acorde con nuestras normas”. Los anfitriones también están sujetos a “verificaciones de antecedentes independientes”.

CCI Greenheart se ha negado a identificar a la compañía que hizo la verificación de antecedentes de Leary, o si identificó el fallo de culpabilidad en su contra, que estaba fácilmente a la mano en línea, a través de los archivos judiciales de Miami-Dade.

En el formulario de la compañía no se preguntó específicamente si Leary —quien también se identificaba como “Dalton Leary”— había sido declarado culpable de algún delito. A la pregunta de si alguien en la familia del solicitante ha sido declarado culpable de un delito, Leary marcó la casilla que decía “No”.

Los Leary acogieron a por lo menos ocho estudiantes extranjeras a lo largo de los años y otras personas en el círculo de la pareja estaban al tanto de su presencia. Un familiar dijo posteriormente a la Policía que las estudiantes extranjeras “andaban por la casa en bikini” y que todos los años las candidatas venían a la casa “para una gran fiesta”.

“Los Leary las escogían ahí, lo que me parece de terror, como en un concurso de belleza”, dijo el familiar a los investigadores.

Algunas veces, dijo el familiar a la policía, las chicas se le sentaban a Leary encima en el sofá para mirar televisión y tomar helado.

En un álbum de fotos, que la Policía decomisó después, Leary tenía fotos de una alumna danesa y de Claudia, las dos en ropa interior, sentadas encima de él.

Leary también daba diarios a las estudiantes, y varios de estos revisados por los detectives relevaron que estaban encantadas con Leary y la atención que les dedicaba.

Investigación policial

Su inusual relación con las jóvenes provocó la alarma de una conocida de los Leary. En el 2012, la mujer reportó al Centro Nacional de Niños Desaparecidos y Víctimas de la Explotación (NCMEC) que Leary “parece tener relaciones íntimas” con muchas de las estudiantes extranjeras. También publicó fotos sexualmente sugestivas en su página de Facebook y tenía en su casa un libro con imágenes de niños desnudos.

El NCMEC envió la información a la Unidad de Víctimas Especiales de la Policía de Miami-Dade, que a principios del 2013 comenzó a investigar a Leary.

Pero esa no fue la primera vez que el NCMEC recibía una pista sobre Leary. En octubre del 2006, una madre vio el portal web One Model Place y observó sus “fotos provocativas” de niñas modelo, así que lo investigó en línea y se enteró que era un delincuente convicto. El centro revisó las imágenes y no encontró “ninguna explotación explícita de menores”, pero de todas formas le envió el caso al FBI.

Pero el FBI aparentemente no encontró nada concluyente, según un informe de la Policía de Miami-Dade. Un agente del FBI investigó la denuncia de hacía 7 años, pero según un informe de la Policía de Miami-Dade “no hay notas sobre las conclusiones ni el resultado de la investigación”.

Con el tiempo, David Invernizzi, detective de Miami-Dade, y otros investigadores tocaron a la puerta de Leary.

Leary se apresuró a hablar de sus credenciales. Dijo a los policías era su compañía, Prodigy Advertising, era “reconocida nacionalmente” y que hacía trabajos de asesoría para “compañías de la lista 500 de Fortune”. Leary juró que sus fotos en la página de One Model Place eran “de buen gusto” y que cualquier imagen de desnudos era de mujeres mayores de 18 años. Leary también culpó a “problemas” sus antiguos socios de negocios por las alegaciones en su contra, según un informe policial.

En lo relacionado con las estudiantes extranjeras, Leary explicó que él era el “coordinador local” de CCI Greenheart y que había acogido a varias alumnas a lo largo de los años. También destacó las credenciales de su esposa. “El Sr. Leary me explicó que vive con su esposa, Claudia Leary, una prominente administradora en la Junta Escolar de Miami-Dade”, escribió el detective en su informe.

Leary “negó vehementemente haber hecho algo indebido”. Sin causa probable para registrar la casa o arrestarlo, la Policía de Miami-Dade cerró el caso.

En el informe final se indica que Leary en ese momento acogía a una alumna española. Era Marta San José y lo que los detectives no sabían era que Leary ya le había cambiado la vida.

La pesadilla de Marta

San José tenía 16 años cuando llegó a casa de Leary a través de CCI Greenheart, en agosto del 2012.

A los pocos días, los Leary comenzaron a darle licor, según la demanda de ella. Pronto, Leary “empezó a coquetear” con ella. De los besos pasaron a las relaciones sexuales, alega la demanda, todo “con el conocimiento y la presencia” de Claudia.

Leary también empezó a tratar de convencer a San José de que sus propios padres habían abusado sexualmente de ella, aunque la jovencita no lo recordaba. Sólo él podía protegerla, le dijo Leary.

Marta San José, durante una audiencia judicial en el 2017. Fue acusada de ayudar a su antiguo anfitrión a agredir sexualmente a la hermana menor de ella.

San José dijo más tarde a sus abogados que Claudia no estuvo con ellos en la habitación, pero participó en actividades sexuales con Leary y otras dos alumnas que regresaron para visitarlos.

Pero eso no es todo. Leary empezó a llevar a San José al Rooftop Resort, un hotel de Hollywood, Florida, popular entre desnudistas y swingers. Durante al menos dos años, Leary la hizo acostarse con “varios hombres a la vez” mientras el grababa en video, y a veces participaba. En otras ocasiones, según los abogados de San José, llevaba a la adolescente por todo el sur de Miami-Dade para encontrar pareja.

La madre de San José, Olga San José, notó el cambio en su hija. Desde lejos, la relación se hizo más tensa y las llamadas telefónicas y por video menos frecuentes.

Después de su primer año en Estados Unidos, Leary y Claudia acompañaron a la joven de regreso a España con una oferta: él podía patrocinarla no oficialmente —e incluso pagar sus gastos— si pasaba otro año en el sur de la Florida. La madre de San José aceptó, con algunas reservas.

La mujer notó que su hija no la dejaba hablar a solas con Leary. “Ella tenía que estar cerca, iba a todas partes que él iba”, contó la madre posteriormente a los detectives. El padre de San José notó que Leary “la agarraba y la tocaba alrededor de las caderas y la cintura” y con frecuencia tenía conversaciones privadas con su hija.

Otra víctima

De regreso en el sur de la Florida, la primavera del 2013, mientras San José cursaba el último año en la secundaria Palmetto High, Leary victimizó a alguien más, esta vez una parienta joven.

La adolescente había visitado el sur de la Florida varias veces y notó la extraña dinámica entre Leary y las alumnas extranjeras, en particular San José. Leary criticaba a Claudia —por engordar o echar a perder la cena— “siempre de una manera que sonaba afectuosa”.

“Dale era muy carismático, muy masculino, muy controlador”, dijo la joven más tarde a la policía. “Ordenaba la comida a todos, los demás no podían pedir su propia comida. Decía a todos donde tenían que sentarse”.

Además, Leary quitó todas las puertas en el interior de la casa, lo que dejaba a las estudiantes con muy poca privacidad.

Leary se centraba en su familiar lejos de la casa. En una habitación de hotel, le daba vodka —la primera vez que tomó licor— entonces empezó a cortarle las uñas de los pies. Y entonces la forzó a tener relaciones sexuales.

Más tarde esa misma noche, la joven vomitó, y él “le leyó del Libro de Levítico”. La Biblia, le dijo, decía “que no había problema” en que los dos tuvieran relaciones, aunque fueran familiares.

Durante toda esa semana, siguió manoseándola, diciéndole al oído vulgaridades sexuales siempre que quedaba con ella un momento solo. En un instante en su casa, le dijo que quería acostarse con ella y trató de tocarla debajo de los shorts, le contó la joven a la policía.

Más tarde esa semana, cuando Claudia estaba en el trabajo y Marta en la escuela, se masturbó delante de ella, diciéndole que la estaba “educando”.

“Fue una combinación de incredulidad de que mi pariente favorito me hiciera eso, y de furia, conmigo misma porque creía que era mi culpa”, le dijo la joven más tarde a las autoridades. El Miami Herald ha decidido no identificar a la joven ni su parentesco con Leary.

La mujer y su familia rompieron lazos con Leary, quien pronto le echó el ojo a una nueva víctima: la hermana de San José, de 14 años.

Dale Leary tenía gran inteligencia y habilidad para inspirar confianza y luego seducir y violar a sus víctimas.

Para la primavera del 2014, Leary se había divorciado de Claudia en el Condado Lee y se casó con San José, pocos días después que la joven cumplió 18 años. Era una manera de que San José se quedara legalmente en Estados Unidos, después de graduarse, y los tres vivieron juntos en la casa de Cutler Bay, donde Leary las consideraba a las dos sus amantes.

Leary envió a España otra oferta: ¿Qué tal si la hermana de la joven, de 14 años e identificada como R.S., venía para la graduación de San José? Los padres aceptaron porque Leary ofreció pagar todo el viaje de 25 días.

Cuando R.S. aterrizó en Miami, Leary comenzó a prepararla igual que hizo con su hermana mayor, con la diferencia que ahora San José lo iba a ayudar a convencer a su hermana menor.

San José empezó a decir a R.S. que sus padres habían abusado sexualmente de ella cuando era niña. La hermana no recordaba nada de eso. Leary, le dijo a su hermana, podía verificar si todavía era virgen colocándole un dedo en la vagina, lo que hizo y dictaminó que sí habían abusado de ella.

“El Sr. Leary usó a Marta para normalizar el comportamiento de R.S. Como su hermana mayor le dijo que estaba bien, entonces no había problema”, dijo Swan, la psicóloga que revisó documentos de la Policía. Swan no participó en el caso.

Pronto comenzaron unas sesiones de fotografía en que las jóvenes estaban disfrazadas, y que poco a poco se hicieron más explícitas. Entonces se pusieron a jugar poker desnudos.

“Era una manera de convencer a R.S. para que se desnudara de una manera inocente, era solo un juego; pero en realidad era una estratagema para que no le diera pena estar desnuda junto a él, para que él pudiera fotografiarla y abusar sexualmente de ella”, dijo Swan.

Finalmente, Leary uso a San José para convencer a R.S. a que participara en actos sexuales, bajo el pretexto de “ello no podría tener relaciones sexuales más tarde” a menos que Leary le mostrar cómo.

El plan de Leary fue incluso más lejos. Convenció a las dos hermanas de que redactaran una declaración jurada en que expresaban falsamente que sus padres habían abusado de ellas y las había obligado a hacer videos pornográficos; R.S. le dio la declaración jurada a la Policía cuando regresó a Madrid. Las autoridades españolas arrestaron de inmediato a Olga San José y su esposo, y lanzaron una investigación que duró un año, además de quitarles la custodia de sus otros hijos.

Pero el caso se desestimó cuando la Policía española no encontró pruebas de ningún video o abuso. En definitiva, R.S. le confió a un psicólogo que Leary la había convencido para hacer la alegación y abusó de ella, lo que provocó una nueva pesquisa de la Unidad de Víctimas Especiales de la Policía de Miami-Dade a principios del 2017.

Para entonces, el mundo de Leary se venía abajo. Se le acababan los negocios en su agencia de mercadotecnia. Otro proyecto, una compañía con planes de vender tecnología inalámbrica de combate al gobierno federal, también se había caído.

En marzo de ese año, Leary solicitó declararse en bancarrota.

El arresto

El detective de Miami-Dade Paul España y su grupo llegaron a su casa para arrestarlo el 23 de junio del 2017. También arrestaron a San José, acusándolos a los dos de conducta lasciva con un menor.

Leary salió en libertad bajo fianza pocos días después e inmediatamente pidió prestada una computadora para redactar un testamento. Él y Claudia limpiaron la casa, doblaron alguna ropa lavada y dejaron notas en toda la casa para Marta, creyendo que la joven regresaría pronto. Leary también escribió varias cartas, entre ellas una titulada “Confesión”.

Leary sólo reconoció haber dado alcohol a R.S. y a su hermana mayor. “Le dije que no tomaríamos fotos, de manera que no habría problemas. Le di alcohol suficiente para afectar su juicio e hice lo mismo con mi esposa, Marta San José, y les dije a las dos que la sesión fotográfica era fingida, que ‘la cámara ni siquiera tenía una tarjeta de memoria’ y que ‘sencillamente nos estábamos divirtiendo’ ”.

Pero juró que nunca había tocado a las jóvenes. De hecho, culpó a R.S., insistiendo que ella lo acusó falsamente de la misma manera que a su propio padre.

Temprano en la mañana del 4 de julio del 2017, conectó una manguera al escape de su auto, encendió el motor y subió al auto con Claudia. Poco después del amanecer, un amigo descubrió el auto estacionado detrás de la casa y rescató a Claudia, quien todavía estaba viva. Leary murió, no envenenado con monóxido de carbono, sino de una sobredosis de drogas, determinó el médico forense.

El arresto y suicidio de Leary estremeció a todos los que lo conocían.

Claudia sobrevivió, pero su vida no volvió a ser igual. Sin la cooperación de otros estudiantes extranjeros, los fiscales no pudieron probar que Claudia hubiera hecho algo más que dar licor a jovencitas. Renunció a su trabajo escolar en vez de que la despidieran. Aunque todavía tiene la casa de Cutler Bay, San José —la viuda legal de Leary— ha presentado una reclamación contra la propiedad.

San José estuvo varias semanas presa antes de salir en libertad bajo fianza. A final de cuentas, la Fiscalía Estatal de Miami-Dade retiró el caso penal contra ella, cuando su hermana —quien estaba en España— declinó cooperar. San José trata ahora de rehacer su vida y restablecer su relación con sus padres.

Con información de El Nuevo Herald

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